Pág. Actualizada el día: Jueves, 26 de Julio de 2007 16:19

 
 

EL FERROCARRIL DE LA COSTA DE CHIAPAS
 

Elsa Hernández Pons

Coordinación Nacional de Monumentos Históricos, INAH

 

Las líneas del ferrocarril han permitido obtener información valiosa para los trabajos arqueológicos
de recorrido de superficie y prospección, como apuntan algunos investigadores, entre ellos Frans Blom, Carlos Navarrete y muchos más que sería largo enumerarlos. En el caso (Hernández, 1984), al realizar un recorrido por las tierras bajas de Tabasco y Chiapas, la referencia a la vía del tren fue básica en la localización de sitios arqueológicos. Además, me permitió acumular experiencias que redundaron en la investigación de esta importante vía de comunicación en la historia reciente de la costa de Chiapas.
 
En relación a la historia de los ferrocarriles en el Estado de Chiapas, don Fernando Castañón es quien mejor resume el origen del Ferrocarril Pan-Americano en Panorama histórico de las comunicaciones en Chiapas, 1951.

 

Chiapas posee una variada topografía y diversidad en los tipos de comunicación y transporte, que han sido descritos por diversos autores. Encontramos el uso del mecapal, los caminos peatonales y los arrieros; también animales de tiro, caminos y veredas para automóviles y camiones; aviación en zonas agrestes y de malos caminos; canoas que surcan por la red de esteros y canales de la costa; así como los caminos de hierro o FFCC, que son una importante alternativa para el comercio, a pesar de lo lento de su servicio actual.

 

El recorrido que realicé por la costa de Chiapas en 1986 y 1987 tenía como objetivo central el registro de todo el patrimonio arquitectónico histórico relevante con vistas a su preservación.
Las estaciones de tren eran sólo una de las posibilidades de arquitectura a registrar y describir. Se catalogaron sólo seis de ellas en la costa, de muy variada fábrica y materiales constructivos.
Al realizar la búsqueda bibliográfica encontré que muchas de las estaciones del ferrocarril se reportan como suprimidas hacia 1977, y otras más cambiaron su nombre, como lo registra Ferrocarriles Nacionales de México (1977).

 

HUIXTLA
 
Huixtla es la más relevante de las estaciones ferroviarias del Panamericano y la de mayor dimensión; fue inaugurada en 1908. Construida con muros de piedra en dos niveles, tiene techo de bóveda, riel y losa de concreto, y pisos de cemento.
 
Es una larga y ancha crujía que consta de sala de espera, oficina y un andén techado como bodega, en la que hay una escalera de madera que conduce al segundo nivel, compuesto por 5 habitaciones comunicadas entre sí. La oficina y taquilla constan de dos habitaciones intercomunicadas y una escalera de acceso al segundo nivel.
 
La fachada resalta la arquitectura, ya que los vanos de ambos niveles presentan enmarcamientos de arco escarzano y jambas de ladrillo resaltado, las cuales se utilizaron también a modo de cornisa para rematar exteriormente ambos niveles. Hay una falsa pared de ladrillo cuyo aplanado se pinta constantemente.

 

 
Generalidades estilísticas.
Todas las estaciones del tren ocupan un lugar central dentro de la población. La mayoría de ellas son pequeñas y construidas de tabique con un aplanado exterior y techos de dos aguas de lámina de zinc, que originalmente debió ser de teja de barro. Todas presentan un espacio para taquilla, pero algunas sólo tienen un muro ochavado con vanos de ventana con reja.

 

El momento histórico e ideológico que conlleva la realización del Ferrocarril Panamericano, así como el paralelismo que se da en el país limítrofe sureño de Guatemala, ya que en 1888 se inaugura un puente provisional internacional sobre el Río Suchiate denominado "Nicolás Dighero" que unió las estaciones "Ayutla" de Guatemala y "Suchiate" de México (Solís, 1952).

 

El sentido panamericano de este ferrocarril se ha diluido con el tiempo, y nos costó trabajo identificar esa línea férrea que muchos autores llaman Ferrocarril del Sureste y otros lo distinguen como su ramal Sureste Pacífico.

 

Los antecedentes de este ideal panamericano se remontan a la Carta de Jamaica (1815); los congresos de Panamá (1826), I de Lima (1847-48), Continental de Repúblicas Latinoamericanas (1856), II de Lima (1864-65), de Caracas (1883), de Río de Janeiro (1887), y el Internacional de Derechos Sudamericanos (1888); las Conferencias Interamericanas: Primera o Congreso Panamericano en Washington (2 octubre 1889 a 19 abril de 1890), que creó la Unión Internacional de Repúblicas Americanas, y su Segunda en México (22 de octubre de 1901 al 22 de enero de 1902); así como otras tantas reuniones entre 1906 y 1948, de las cuales entre el 30 de marzo y el 2 de mayo de ese año (1948) se creó el sistema regional actual al adoptarse la Carta de la OEA.
Inmerso en este desarrollo histórico, habrá que recordar que en Chiapas, entre 1821 y 1824, se proclamó el Plan de Chiapa Libre, que finaliza el 12 de septiembre de 1824 con la anexión de la Provincia de Chiapas a la nación mexicana.
Este aspecto nos remite necesariamente al manejo de los ideales de unión hispanoamericana que inspiró Simón Bolívar, como la posibilidad de desarrollo pleno, en lo económico y político, de los países Centro y Suramericanos (Sánchez Ochoa, 1873).
La construcción de ferrocarriles formó también parte del impulso económico que planteaba Porfirio Díaz (entre 1876 y 1911) basado en el capitalismo liberal. Hasta 1897 se habían tendido 13, 584 km. de vía, de las 578 que existían cuando asumió el poder. México era entonces el primer país de Latinoamérica en comunicaciones ferroviarias.
Para el sur de la República sabemos que desde 1942 se tenía la idea de un tendido de ferrocarril que uniera las costas del Golfo y del Pacífico por el Istmo de Tehuantepec. El llamado Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec se inauguró en 1894, fecha en que se otorgó la concesión para realizar el de Ixtepec, Oaxaca, hasta Suchiate, Chiapas.
Otros ramales quedaron sólo en proyectos, como el que describe Enrique Santibáñez (1911, pp. 25-26), quie relata que hasta 1911 sólo se habían construido 25 km. de un ferrocarril interoceánico que se originaba en el Puerto de Arista, y, según el proyecto, debería pasar por la ciudad de San Cristóbal y terminar en el Puerto de Frontera, Tabasco. Mas la empresa quebró al iniciarse la ascensión a la Sierra Madre, habiendo tendido sus rieles sólo en la parte plana de la costa. Además, al cambiar la capital a Tuxtla Gutiérrez, se juzgó más práctico buscar una salida al Istmo por carretera, abandonando la idea, muy costosa y difícil, de subir el tren a Tuxtla Gutiérrez.

 

Datos obtenidos de la pagina:  http://morgan.iia.unam.mx/

 

 

 

 

          

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