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de la Feria Huixtla, en los años 2002, 2003 y 2004,
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Colibrí
con las alas extendidas formando la figura de una espina
de Izcanal (espina de un árbol que abunda en el municipio),
al fondo la Silueta de la piedra de Huixtla, rodeado por
nuestro cálido sol.
El principal
cultivo de la zona alta del Municipio es el fruto del
café.
El zona alta del municipio
de Huixtla, se cultiva y cosecha el grano del Café
Parafraseando al Dr. García de León, Huixtla
al igual que otros pueblos tuvo que ver en la población de mundo.
En aquel tiempo, cuando la larga noche de los animales dio paso
a la cultura de los hombre fue atravesada por muchas migraciones
y su tierra fue ocupada.
Probablemente el pueblo de Huiztlán de
la lengua mayance man HUIZ – Espinas TLAN – Lugar, fue una de
las muchas comunidades aldeanas que se subordinaban a los centros
urbanos del “Antiguo Imperio” de los mayas. Comunidades que
se relacionaban entre si por un débil comercio que con el paso
del tiempo se fue diversificando en excedente agrícola. En una
mayor complejidad social, en luchas internas y territoriales,
en ciudades – estados del pre-clásico olmeca y clásico maya.
Huiztlán como otras comunidades tributarias gozaban de
una mínima independencia interna la cual tenía un costo. Como
nos dice el Dr. García de León…. “El precio de su relativa independencia
interna fue muchas veces alto, tanto como el excedente que estas
comunidades tenían que pagar a sucesivos Señores y grupos religiosos
y militares….” (1)
El maestro Alberto C. Culebro, dice que
aun cuando sin monumentos o datos ponderantes Huixtla es un
pueblo antiguo de mediados de la era; quizá de los años 1100
o quizá de un poco más adelante, de acuerdo a los vestigios
encontrados en los márgenes del río Huixtla. Este dato confirma
que el pueblo maya Huiztlán era una comunidad aldeana. Que lejos
de ser una ciudad, más bien era una comarca que se sujetaba
en mayor o menor medida a las urbes administrativas y religiosas.
En donde como dice García de León “la existencia de agrupaciones
abigarradas de templos y edificios, fortalezas de sacerdotes,
guerreros y comerciantes estaban a la deriva en un inmenso océano
de aldeas mas o menos controladas para el pago de sus tributos…
“ (2). Las huellas de piedra de estas urbes del primer milenio
de nuestra era se pueden observar todavía en las regiones más
fértiles, en el soconusco las ruinas de Izapa o padre piedra
en la Frailesca.
El llamado “Antiguo Imperio Maya” estuvo
cimentado por un modo de producción tributario “El grupo sacerdotal
ejercía funciones religiosas, administrativas y de calendarización
de los ciclos agrícolas del maíz, el fríjol, el cacao, etc…
(…) … Esta formación social, desproporcionada y a fin de cuentas
débil, desarrollo enormes progresos, antes de sufrir un grave
desequilibrio que sería notorio desde 7 siglos antes de la llegada
de los conquistadores Europeos” (3).
Alrededor del siglo décimo, la unidad
estatal se resquebrajo en pequeños señoríos militarista de limitado
alcance territorial. Mientras que su eje se desplazo desde el
amplio corredor selvático, hacia el norte de la península
de Yucatán y hacia los altos valles de Chiapas y Guatemala.
La clase dominante abandonada y en decadencia huyo de las urbes
selváticas (Palenque, Yaxchilan, Bonampak, Izapa y otras)…”
(4). Mientras las comunidades aldeanas al no producir el excedente
tributario la vida en ellas se torno simple, auto conteniéndose
en pequeños territorios y manteniendo una escasa división del
trabajo. De tal manera que los templos de las grandes urbes
fueron devorados por la selva.
En el Soconusco, las comunidades aldeanas
se llevaron consigo el peso de la decadencia Maya y la impronta
del militarismo Tolteca. Abriendo paso a la fuerza militar Azteca
que erigió su poderío durante 30 años a partir de la invasión
de Ahuizolt en 1486. Año en que se funda el pueblo de Huiztlán,
quien continúo siendo una comunidad aldeana tributaria bajo
el dominio Méxica.
Entre 1524 y 1530 por la costa de Tonalá
y el Soconusco (poblado del mismo nombre de la región) penetro
la expedición dirigida y bien pertrechada por el capitán
Pedro de Alvarado, destinada a la conquista de los señoríos
alteños de Tecpan Cuautemallan. Época en que la provincia del
Soconusco ocupaba la zona costeña del actual Estado de Chiapas
y una parte del actual República de Guatemala. Al momento de
la conquista en 1524 la provincia Soconusquense llevaba 30 años
bajo el poder Azteca. El pueblo de Huiztlán o Guistla llamado
así por la diócesis ubicada en Huehuetán. Continuo siendo un
pueblo tributario al instaurarse un sistema regional de cabeceras
y parcialidades sujetas, sometida al tributo renovado y avalado
en un primer momento por los mismos caciques indios “Señores
Naturales” o Tequitatos (del náhuatl, Tequithto” jefe de trabajo”).
Que servían de intermediarios entre la comunidad y la sociedad
dominante. Representada por la corona real a través del Gobernador
del Soconusco; el conquistador Pedro de Alvarado. Más
adelante por un regidor nombrado en 1531 por la audiencia de
México. Hasta 1556 cuando la real cédula designo a la provincia
del Soconusco bajo la jurisdicción de la audiencia de Guatemala.
Durante los primeros años de conquista
y en particular bajo el dominio despótico del gobernador Pedro
de Alvarado. Tanto el Soconusco como los lugares conquistados
sufrieron los efectos de un sometimiento violento. Entre 1531
y 1535 los índices de despoblamiento fueron catastróficos para
los pueblos indios, tanto por la violencia extrema que se ejercía
como por la existencia de plagas, enfermedades y epidemias que
azotaban a la población. Sin embargo y a pesar de ello de 1525
a 1570 los pueblos del Soconusco experimentaron cierta
prosperidad económica. Algunos pueblos como Huixtla adquirieron
más adelante importancia por su producción. El Maestro Alberto
C. Culebro, citando al Sr. Alfonso Ponce de León. Fraile comisario
general de la orden seráfica dominico, procedente de Oaxaca
a su paso por Huixtla en 1586 hacia Guatemala; se refirió a
este Municipio como “… importante con menos de 300 habitantes
entre Españoles, Mestizos e Indios, que como todo el Soconusco
es muy rica y prospera especialmente por el Cacao, Tabaco y
Ganado” (5).
Así mismo, el Maestro Culebro hace mención
que en el primer censo de población en 1611 Huixtla contaba
con 300 habitantes y en el de 1685 se registraron 500 pobladores,
entre Españoles, Mestizos e Indios en su mayoría. En ese tiempo
Huixtla era un curato de Santo Domingo Escuintla, poblado que
había adquirido cierta importancia desplazando a Huehuetán.
Por el hecho que para los españoles las estancias de ganado
mayor de la planicie ubicadas en tierras Escuintlecas les era
de más fácil acceso. De tal manera que al principio del Siglo
XVII se pueden leer en el epistolario de una persona de origen
Peruano de la orden Jesuita, en su paso hacia México;
“La Gobernación del Soconusco, en
la cual se coge el mejor Cacao que se gasta en la nueva España
y las mejores vainillas con que se adereza; y achiote tiene
de Tilapa a Ayutla 4 leguas a Chilatepec cuatro a Tapachula
tres, a Huehuetán seis (…) esta entre dos grandes ríos y abundante
de iguanas que las vi andar entre las casas del lugar. A Huixtla
hay 4 leguas a Mazapetahua cuatro, a Escuintla 4 leguas a Mapastepec
siete… a la estancia grande seis leguas; esta era antiguamente
la mayor estancia de vacas que había en la Nueva España, daba
cada año para México 10 mil reses, ahora de dos a tres mil”
(Cita García de León, Utopía y Realidad).
En un principio la producción de Cacao
fue el eje de la explotación tributaria que se realizaba a los
pueblos del Soconusco. El Dr. Antonio García de León, destaca
que “su producción conformo todo un modo de vida Novo –Hispánico
alrededor del Chocolate y sus aderezos…” (6). Por lo consiguiente
la baja producción repercutió tanto en la vida de los indios
como en la de los españoles. A finales de los años 1600 las
estancias ganaderas desbastaron miles de hectáreas sembradas
de Cacao; y los pueblos tributarios entraron en una profunda
contradicción” (7). Los indios tenían que pagar 18 pesos y seis
reales, por cada carga de Cacao que no pudieran entregar. García
de León, menciona que en 1774 según el obispo García de Bargas
y Ribera, ya no había en el Soconusco mas que tres pueblos de
indios lo suficientemente capaces de producir un tributo de
Cacao.
Huixtla como otros pueblos tributarios
vieron agobiada su población tanto por el tributo excesivo que
se les exigía como por epidemias existentes en esa época.
“En el Soconusco, la cantidad en Cacao
exigida a cada indio tributario entero es de 8 zontles (1 carga
= 60 zontles). Aparte de Cacao, cada indio debía ½ almud de
maíz para los soldados. Hasta 1737, se podía juntar este impuesto
en natura o especie, al precio de 12 reales la fanega después
tenía que pagarse en dinero” (Solórzano Fonseca, 1987) (8).
El movimiento de Independencia encabezado
por Morelos e Hidalgo, repercute en toda la República.
En 1821 las autoridades de Comitán declaran la Independencia
de Chiapas de la Corona Real Española. La coyuntura política
independentista proporcionaba los elementos para proclamar la
Anexión hacia México en el mes de Septiembre de 1824. Chiapas
proclama su Anexión definitiva, no así el Soconusco que se incorpora
hasta 1842. Ambos hechos históricos se explican por la actitud
asumida por las autoridades Españolas; decidía y abandono por
una parte y por el poco interés de la oligarquía monopólica
de Guatemala hacia la provincia de Chiapas. Lo cual promueve
el desosiego de una sociedad criolla que había palpado la decadencia
económica y social mucho antes de que los acontecimientos independentistas
se cristalizaran. Ya en 1794 se empezaba a erigir la inquietud
de los grupos de criollos y ladinos ilustrados que veían en
forma alarmante el abandono y la injusticia de los emisarios
de la corona hacia el pueblo indio. A la par también se encontraban
“los ladinos” y criollos hacendados que con actitudes paternalistas
tenían puestas sus esperanzas en la destrucción del orden colonial
y con ello el fácil acceso al control de las tierras.
La región Soconusquense era fiel reflejo
del abandono en que se encontraban las tierras conquistadas;
despoblada y en ruina económica Cacaotera. El Soconusco ya no
brindaba beneficio alguno al pujante poder criollo y ladino.
El panorama desolador planteaba la posibilidad de establecer
una nueva propuesta de reordenamiento económico, para dar respuesta
a la actitud independentista que se gestaba y que preocupaba
a las autoridades de esa época. Así tenemos que don Manuel Larrainzar
delegado de la corona española, proponía la siembra de nuevos
cultivos. Los cuales atraerían nuevos capitales y proporcionarían
trabajos a la región Soconusquense, que prácticamente estaba
semi despoblada. Sus pueblos de indios tributarios que contaban
con más de 60 pasaron a ser solo una docena.
En 1821 Huixtla contaba con 586 habitantes
entre Criollos, Mestizos y una cantidad inferior de indios,
lo cual explica que la situación productiva y de explotación
en la producción mermara en tanto la escasez de fuerza de trabajo
indígena para procurar el excedente tributario. Como muchos
pueblos, Huixtla acarreo su decadencia económica hasta 1858
cuando paso a depender de Tuzantán. Poblado de suma importancia
religiosa para los españoles. Pasaron 32 años para que recuperara
el status de pueblo y Cabecera de Municipio exactamente en 1890.
Según Karl Helbig investigador Alemán que anduvo por estas tierras,
dice que después de la declaración de Independencia. Huixtla
creció más rápido pero en 1853 a causa de que se incendió por
completo hubo un largo retroceso en su desarrollo.
En fin. Los acontecimientos de Independencia
y Anexión se inscriben dentro de la macro historia Nacional
y Estatal que dieron textura y forma al desarrollo de los pueblos
de la región del Soconusco. Y más exactamente del caso nos ocupa
que es Huixtla.
En los albores del siglo Veinte, Huixtla
era un lugar donde aun las calles no se trazaban. El centro
del pueblo estaba compuesto por una veintena de casas de adobe,
teja y manaca, así como de pequeños caminos y veredas que comunicaban
a las viviendas. En 1901 la población era de casi 1300 habitantes
y la alcaldía municipal era un encargo que se encomendaba a
los primeros fundadores del pueblo; don José María Paz se mantuvo
como alcalde algunos meses dejándole al puesto al señor José
Domingo Paz este a su vez a don Ramón Tovilla. En el siguiente
año en 1902 la alcaldía la ocupa el señor Estanislao Martínez
y en 1903 los hermanos Lorenzo y Manuel Paz. En el periodo que
va de 1904 a 1906 se inicia el trazo de las primeras calles
del centro del pueblo y por primera vez se mantiene por tres
años como alcalde municipal el señor José María Noriega. Aunque
por unos meses en el último año nuevamente don Ramón Tovilla,
en los siguientes años de 1907 a 1910 el mando del gobierno
municipal transcurrió bajo periodos anuales a cargo de personas
inmiscuidas en la organización del pueblo. Así los señores Paz,
el señor Paulino Estrada, don Emilio Coutiño y en el momento
de la acción revolucionaria la alcaldía municipal estaba a cargo
de don Daniel Soto.
El 20 de Noviembre de 1910, Francisco
I. Madero convoca a la lucha armada con el fin de derrocar a
la dictadura del general Porfirio Díaz. Estos mismos aires revolucionarios
llegaban a Chiapas y como consecuencia de la caída del general
Díaz el Gobernador porfirista Ramón Barraza renunciaba al cargo.
La designación del sucesor interino enfrento a Tuxtlecos y Sancristobalences;
una lucha de candidatos tras el poder tratando de proteger los
intereses económicos de la oligarquía central. Las elecciones
de 1911 con el triunfo de Madero no garantizó la estabilidad
política ni la paz social. La traición del General Victoriano
Huerta quien mando asesinar a Madero, para usurpar el
poder presidencial. Trajo como consecuencia la organización
de grupos armados en varios Estados de la república para luchar
en su contra. Villistas, Zapatistas y Carrancistas apoyados
por antiguos jefes Maderistas se abalanzaron a combatirlo. Por
su parte en Chiapas postulado a través de la gente del Gobierno
de Huerta, el General Bernardo Palafox encontró rápidamente
oposición por parte de grupos guerrilleros en varias regiones
del Estado. En esta efervescencia Revolucionaria en los municipios
de Chiapas se empezaron a gestar movimientos pequeños. Que se
relacionaban tanto por oposición al régimen de Huerta como por
la posesión de la tierra. Como parte de esta inquietud social,
en Huixtla surge el descontento entre los pobladores de la cabecera
Municipal, Porque los inmigrantes atraídos por la prospera economía
que se vivía y que se reflejaba en el comercio gracias a la
vía de comunicación ferroviaria, decidieron acaparar la mayor
parte de la superficie de terrenos que no estaban poblados y
que eran aptos para la construcción de viviendas y la actividad
agropecuaria. El Maestro Alberto C. Culebro en el folleto “Monografía
tradicional de la ciudad de Huixtla” nos dice que “trataron
de ser dueños de las tierras circundantes y no pensaron en las
necesidades del pueblo; los cuatro rumbos del poblado fueron
delimitados por quienes se constituyeron como terratenientes”
(9) de tal manera que la superficie de Huixtla fueron repartidas
entre 5 o 6 familias avecindadas, de ahí como nos sigue diciendo
el Maestro Culebro “… Los señores Molano tomaron los terrenos
del norte asociados con la firma Kumagay: los del sur pasaron
en poder de los señores Paz venidos de Huehuetán: y los del
oriente quedaron en poder de la firma Soto y los ponientes en
poder de la familia Bejarano y otros pequeños propietarios,
el pueblo quedo entre las calles Guerrero al norte y Allende
al sur y entre la avenida Galeana al poniente y González Ortega
al oriente”(10), la posesión casi feudal de la tierra trajo
consigo la sublevación de los primeros; familias pobres que
sufrían el destierro forzado de la zona poblada en los terrenos
que fueron delimitados como privados. Tal situación incomoda
les obligaba a refugiarse en el campo o en poblados cercanos
a la cabecera Municipal. 1913 se manifestaron violentamente.
De acuerdo al molde revolucionario se puede decir que fueron
“pobres contra ricos terratenientes” pequeño movimiento social
encabezado por Melquíades Marroquín, Catarino Martínez y Chilo
Hernández, personas identificadas con los ideales del Maderismo.
Según el Maestro Culebro fue solo un asalto donde perdiera la
vida don Jesús Tovilla y “10 defensores del pueblo”. Esta situación
de inconformidad finalmente fue resuelta durante el Gobierno
de Carranza “…Se consolido la desamortización y se fraccionaron
terrenos; el pueblo principio entonces a recobrar su antigua
categoría y se fueron trazando nuevas calles, ampliando otras,
poblando aquellas y la zona de la estación se urbanizo aceleradamente…”
(11). En los albores del siglo veinte en 1901, el pueblo de
Huixtla contaba con casi mil quinientos habitantes la presidencia
municipal en ese mismo año fue ocupada por los fundadores del
pueblo: don Juan María Paz que al poco tiempo deja en el cargo
don José Domingo Paz y a su vez esta a don Ramón Tovilla, en
1902 don Estalisnao Martínez ocupa el cargo, en 1903 los hermanos
Lorenzo y Manuel Paz se ocupan de la alcaldía.
La oposición armada en contra del General
Victoriano Huerta y del Gobernador Bernardo Palafox rinde sus
frutos. En 1914 son derrotados y obligados a dejar el poder
con lo cual se abre paso un Carrancismo en ascenso. En Chiapas
representado por el General Jesús Agustín Castro jefe militar
Carrancista que es enviado desde del centro del País. Instalado
en el poder el general Carranza convoca a los jefes militares
a la convención revolucionaria, El resultado de esta es la división
del grupo Revolucionario; Por una parte el bando Constitucionalista
encabezado por el mismo Carranza, Obregón y Elías Calles y por
la otra el bando de los Convencionalistas liderados por Francisco
Villa, Emiliano Zapata y Eulalio González. Mientras en el Estado
el Coronel Tiburcio Fernández Ruiz y su grupo armado llamado
Mapaches, identificados con los convencionalistas se enfrentaron
al Gobernador Agustín Castro y al grupo constitucionalista.
En la región del Soconusco en 1915 en el municipio de Mazatán
un grupo mapachista se enfrentó al ejército del Gobierno. Siendo
derrotados los primeros se retiraron hacia Huixtla para unirse
al grupo principal acantonados en esta población con el fin
de cortar la vía férrea para incomunicar a la Ciudad de Tapachula
con el resto del Estado y del País. Como respuesta el ejército
constitucionalista ataco al grupo mapachista en las inmediaciones
de Huixtla siendo derrotado los segundos. Tras este acontecimiento
los dueños de las Fincas Ganaderas quienes mantenían contacto
con la convención y que catalizaban el descontento de propietarios
y comerciantes Tapachultecos, golpeados por constantes robos
de ganado así como por las exacciones fiscales, decidieron “levantarse
en armas”. Así, el rico hacendado Don Ángel María Pérez armó
a 50 hombres entre parientes y subalternos entre los que destacaban
Emiliano Escobar y Julio C. Farias, con los cuales se mantuvo
algunos meses amenazando la línea de ferrocarril; atacando a
trenes y estaciones. Ante estas acciones; Carrancistas y Gobierno
empezaron a proteger la mercancía que era trasladada por vía
férrea. Principalmente la producción de café que se enviaba
a la ciudad de México, al Puerto de Salina Cruz y Coatzacoalcos
para trasladarlo a países Europeos y a Estados Unidos de Norteamérica.
Como observadores y sin inmiscuirse directamente en estas acciones
los plantadores extranjeros dueños de fincas aprobaban dichas
medidas del Gobernador y de su grupo armado a favor de sus intereses.
Es pues que en ese año de 1915 ante el ataque de la Estación
de Ferrocarril Don Ángel María Pérez fue capturado con sus dos
oficiales y fusilados en ese mismo acto.
En los año siguientes de 1915, solo quedaron
las escaramuzas de grupos armados que deambulaban en la Región.
Hechos bastantes aislados en la vida de los pobladores por lo
cual a mediados de 1918 estas acciones se dejaron de ver. De
tal suerte los pueblos del Soconusco iniciaron a vivir en “Bonanza”
económica ante las nuevas inversiones de plantaciones de Café
y Caucho. En Huixtla las escasas acciones armadas no interrumpieron
las designaciones para Presidente Municipal. En tanto que ligado
al Gobierno del Estado y lógicamente bajo los preceptos Constitucionalistas
(Carrancistas que a la postre habían triunfado). Surgieron personas
que ocuparon la administración Municipal por periodos cortos
de tiempo tanto por el clima de inestabilidad política y social
que se vivía como por disposiciones civiles y éticas de los
ciudadanos. Por lo tanto el Señor Emilio Coutiño estuvo en 1915
en el cargo, en 1916 la Presidencia estuvo a cargo de los Señores
Laureano Esteban y Manuel Marroquín, en 1917 don Teofilo Mejía,
en 1918 el Sr. Enrique robles y en 1919 la Presidencia Municipal
la ocupó don Lorenzo Paz.
El Compromiso de Venustiano Carranza para
convocar a elecciones en 1920 le obligó a buscar acuerdos de
Paz con los grupos opositores a su Gobierno. En Chiapas como
en otros Estados de República los movimientos políticos de Carranza
no prosperaban del todo. En varios lugares del Estado Chiapaneco
merodeaban varios grupos armados bajo la bandera Carrancista
y Obregonista. El mas importante era el de los Mapaches que
operaban en la región de los valles centrales tratando que el
Obregonismo ascendiera al poder. De ahí que en Huixtla el 6
de Mayo veinticuatro días antes de convocar a elecciones por
el entonces alcalde Municipal Enoch Cano, un grupo de Carrancistas
son derrotados por los seguidores Obregonistas, al tratar de
tomar la plaza del pueblo. Esta acción evidenciaba la inconformidad
por seguir sosteniendo al régimen estatal de corte Carrancista.
Las manifestaciones en contra de Carranza
finalmente rinden sus frutos. En 1920 deja el poder y el 3 de
Octubre se postula como Presidente de la República el General
Álvaro Obregón y como Gobernador del Estado por el período de
1920 a 1924 el Sr. Tiburcio Fernández Ruiz. Otrora jefe político
del grupo armado de los Mapaches. Ambos nombramientos; el Federal
y Estatal auguraba paz y tranquilidad social. Augurio
palpable en los dos primeros años en varias regiones de
Chiapas. Sin embargo en el Soconusco la Organización Obrera
despuntaba para la formación Sindical en defensa de sus intereses
y en las tradicionales regiones del poder: los Altos, Centro
y Frailesca se iniciaba a generar inconformidad social junto
con la obsesiva lucha por el poder. De tal manera que al interior
del grupo de los Mapaches se generaba la división. Contando
con la oposición de viejos grupos de poder, así como con las
clases sociales menos favorecidas en contra de la imposición
del Gobierno Estatal en la designación de alcaldías Municipales.
Puntos en contra que obligaron a Fernández Ruiz a renunciar
al cargo mas tarde.
La vida política y social en los pueblos
del Soconusco distaba mucho de lo que sucedía en Tuxtla Gutiérrez,
San Cristóbal y Comitán. En la que la lucha por el poder político
de terratenientes y pequeños propietarios de las regiones de
los valles centrales y altos representaba tener el control a
través del Ejecutivo Estatal, Apoyados por la línea política
del centro del país. Al margen un tanto de estas contradicciones,
Huixtla como muchos pueblos de la región Soconusquense iniciaban
a crear y a construir obras materiales como respuesta a las
necesidades de una población que se incrementaba. En 1923 siendo
presidente el Señor Estaban Molano, se adquirió el terreno donde
se construyó el salón de baile “Casino de Huixtla”. Eran tiempos
de “prosperidad” económica gracias a la alta producción agrícola
del cultivo de café en la zona serrana del municipio y a la
variedad de cultivos tropicales en la zona baja. En ese contexto
en la cabecera municipal se fueron edificando un mayor número
de viviendas. Así, en 1924 Huixtla contaba con 4500 habitantes
lo cual representaba una urgente necesidad de servicios públicos
de luz eléctrica y agua. Demandas que ni el gobierno municipal
ni el estatal satisfacía. En ese contexto a través de la iniciativa
privada de personas avecindadas en la cabecera municipal con
solvencia económica y espíritu de colaboración se llevaron a
cabo las tareas que la autoridad no realizaba. La instalación
de una planta eléctrica en los límites del pueblo solventaba
en parte la penumbra en que vivían los pobladores. Corría el
año de 1926 y con auspicio de don Alberto Sieber junto con don
Manuel Armendáriz hacían posible que una parte de la población
gozara de este servicio. Por su parte doña Anita Tovilla impartía
clases en su humilde casa al carecer de escuelas dentro del
municipio. Más tarde sería la maestra Luz López Solórzano que
fundaba una institución educativa en su casa frente al parque
llamada “Benito Juárez”. Dentro del marco de carencias sociales
que se generaba a partir del incremento de la población el presidente
municipal don Manuel Tiburcio Paz, iniciaba la construcción
en 1927 de la primera construcción que albergaría la alcaldía
del municipio.
En 1929, tras la renuncia de Fernández
Ruiz y la entrada al poder de un interino la situación se tornó
un tanto caótica hasta cierto punto anárquica en todas las instancias
del poder. También se reflejaba en varios ayuntamientos
como fue el de Huixtla. En ese marasmo de situaciones,
el alcalde don Emigdio Cosió junto con sus regidores tomaron
los fondos públicos como suyos, por lo cual la población exigió
que se les investigará; comprobándoseles actos de corrupción
bajo el cargo de “malversación de fondos”, depuesto como presidente,
el alcalde Cosió se inconformó solicitando apoyo del gobernador
interino el cual estuvo a punto de otorgarle “el perdón” y seguir
sosteniéndolo en el cargo “…sólo que entonces se reveló la policía
en su contra, haciéndolo salir con engaños por la noche y disparándole
a quema ropa en momentos de abrir la puerta de su casa…” (Mario
García Soto –Soconusco en la Historia – México 1964)
En 1930 la población se había duplicado
a escasos 6 años, habían 8500 huixtlecos distribuidos en 5300
habitantes en el área urbana y 3200 en el medio rural. Tras
el incremento de la población estaba también la producción cafetalera,
cacaotera, tabacalera y bananera. Como ejemplo de este último
era el cultivo por todos los espacios vacíos de la vía férrea
del plátano roatán, este “despunte” productivo en el medio rural
se reflejaba en la cabecera municipal. En 1931 por decreto del
gobernador Raymundo Enríquez, Huixtla es elevada a la
categoría de ciudad y a casi 6 años, a principio de 1932 siendo
alcalde don Abigail Loranca se termina la construcción de la
presidencia municipal.
El General Lázaro Cárdenas asume el cargo
de presidente de la república en 1934 cuando en el escenario
nacional convergían grupos de obreros y campesinos inconformes
con la política desplegada por el maximato presidencial de Plutarco
Elías Calles. Aunado a la presencia de la izquierda comunista
que poco a poco ganaba espacio entre grupos golpeados por la
administración Callista, por lo tanto el panorama político para
la administración Cardenista se observaba difícil.
En el plano de la realidad Chiapaneca,
el despotismo represivo del Coronel Victórico Grajales hacia
el sector obrero y campesino no coincidía con la línea política
de la administración del General Cárdenas, representando un
serio problema para su gobierno. Ante esta situación pretendía
romper con la política Callista y por ende con su mejor aliado;
el coronel Grajales y con ello recomponer el tejido social debilitado
por una política represiva hacia izquierdistas, laboristas,
sindicalistas, minorías étnicas, y católicos que se oponían
a la rectoría despótica del Estado. En este escenario de confrontación
entre el Gobierno Federal y Estatal, se producen fuertes inconformidades
de finqueros y grandes terratenientes que tienen bastante claro
que los espacios de maniobra política, en pos de conservar y
proteger sus intereses e inmensas superficies de tierras se
les dificultaba. A través del Gobernador Grajales que maniobraba
para enrarecer la política agraria de Cárdenas oponiéndose a
la orden de un proceso amplio de reparto de tierras así como
ejerciendo la violencia represiva a través de asesinatos y desalojos
violentos. El Doctor García de León, citando el Archivo General
de la Nación nos dice que “los militares de Huixtla, dirigidos
por el plantador Juan Polhens, quemaron el ejido Nueva Tenochtitlán
que reclamaba tierras de la finca Lubeka…” (12). En esta dinámica.
La herencia de Calles hacia Cárdenas y depositada en el gobernador
estatal Grajales, daba para que este último siguiera acatando
la política Callista con actitudes poco plurales y tolerantes
que confrontaba con grupos e instituciones tradicionales como
era la Iglesia Católica. Actuando bajo los preceptos de
Calles de cerrar los templos y quemar los santos. De tal manera
que en Huixtla siendo presidente el Sr. Fernando Cruz ordena
la quema de santos, “…precisamente el 20 de Noviembre que se
celebra la Revolución Mexicana, cuando el Ayuntamiento de don
Nando, daba a conocer que el presidente Constitucional de los
Estados Unidos Mexicanos el patriota General de la División
Lázaro Cárdenas del Río, nuestro pueblo sabía que ese día el
ayuntamiento procedería a quemar los santos, se amotina y se
provoca el zafarrancho ente el pueblo y los miembros del ayuntamiento,
empleados y amigos de estos, quienes llenos de pánico se refugian
en el palacio municipal (…)
“….El pueblo de Huixtla señala aquel Ayuntamiento
y a todas las personas que lo componen como “Quema Santos” (13)
La confrontación política configuraba
un abismo sin puente de solución que llevara a conciliar el
desarrollo social y económico de Chiapas. Es en 1936 finalmente
tras una maniobra política. El gobierno federal destituye como
Gobernador al General Victorico Grajales, sucediéndole en el
cargo el Ing. Efraín A. Gutiérrez, postulado por los Cardenistas.
En esta situación la política agraria del Ejecutivo Federal
inicia a caminar a partir de la dotación de tierras de buena
calidad “…Aproximadamente la mitad de esas tierras eran aptas
para la agricultura, de riego y temporal, que beneficio a los
campesinos con un promedio de 4.48 has” (14)
A la par con la inconformidad de finqueros
y terratenientes de la zona sierra y de la parte baja del municipio
ante las acciones del gobierno de quitarles parte de sus grandes
extensiones de tierras. La cabecera municipal alojaba casi 6000
habitantes y ante ello se introducía el servicio de agua entubada
a través de la concesión obtenida por el banco de crédito urbano
y obras públicas. Los establecimientos casi improvisados que
les servía a los comerciantes para vender en el mercado fueron
derribados y se construía una estructura más formal. La estación
ferroviaria y sus bodegas se construían con los recursos provenientes
del gobierno federal. Se funda la Escuela Primaria “Manuel Rea”
en un solar del profesor Francisco Gordillo León fundador de
la misma, tiempo después en 1939 la profesora Luz López Solórzano
con apoyo del gobernador Rafael Pascasio Gamboa se construye
el edificio que en los noventas fue derribado para construir
el actual. En fin, la vida del pueblo se desarrollaba entre
el auge comercial de sus principales establecimientos comerciales
sobre la Avenida Central como eran las casas comerciales del
Sr. Ricardo Arima, Víctor Kumagay y del Sr. Manuel Juan.
Presionado por políticos y terratenientes
del viejo cuño Callista que sintieron afectados sus intereses,
obligaron al Ing. Efraín A. Gutiérrez a renunciar al cargo de
gobernador. Sucediéndole el Dr. Rafael Pascasio Gamboa por un
periodo de 4 años, en tanto a nivel nacional asume la presidencia
de la república el General Manuel Avila Camacho y con
el se frena en gran medida el reparto de tierras que se venían
dando. Sin embargo por la coyuntura social y económica de la
segunda guerra mundial y la caída de los precios del café, fueron
incautadas varias fincas propiedad de alemanes. Para 1942 las
fincas confiscadas sumaban 67 pasando hacer administradas por
los famosos Fideicomisos; estructuras administrativas del gobierno
federal para hacerse cargo de estas y que en el periodo presidencial
de 1946 a 1953 de Miguel Alemán Valdez fueron devueltas a los
alemanes. Entre las acciones de su gestión tuvo mucha importancia
a la construcción de obras públicas abanderando las edificaciones
de beneficencia social. Con este mismo criterio de desarrollo
en Chiapas tanto Rafael Pascasio Gamboa, Juan Esponda y hasta
1948 cuando asume la gobernatura el general Francisco J. Grajales,
promovieron la realización de edificios públicos y gestionaron
actividades de beneficencia social. Por su parte el pueblo de
Huixtla había crecido en población. El censo de 1940 contabilizaba
10,793 habitantes los cuales se distribuían en 5,468 hombres
y 5,325 mujeres. En el plano económico el auge comercial y productivo
del café y del plátano convertían a la cabecera municipal en
un lugar de procesamiento (beneficio), bodegaje y envío (embarque).
Alentado el arribo de productores y compradores que buscaban
los servicios de hospedaje y alimentación así como lugares de
compras, salud y diversión.
Para 1950, la población de Huixtla era
de 14,102 habitantes, concentrándose el 72% en la cabecera Municipal
y el 28.5% en el medio rural. La concentración en las cabeceras
municipales o ciudades correspondían por una parte a la dinámica
histórica de crecimiento y desarrollo de los pueblos, pero por
la otra a una política nacional de desestímulo al medio rural
(escaso apoyo a la producción agrícola, principalmente de granos
básicos). Transformando al México rural en un México urbano,
en la cual la industria manufacturera y la importancia de los
servicios cumplían un modelo aplicado para desarrollar al país.
En estas circunstancias Huixtla no ajeno a ello y presionado
por una mayor cantidad de población iniciaba y consolidaba la
construcción de obras urbanas; la introducción de drenajes,
alumbrado público, empedrados y pavimentación de calles en el
primer cuadro de la ciudad y la construcción de centros educativos;
las Escuelas Primarias Huixtla y Cuáuhtemoc y la Secundaria
Benemérito de las Américas alojada en una construcción de piedra
que en los años cuarenta había servido de cárcel municipal.
Junto con ello el Ayuntamiento daba facilidades para el establecimiento
de refresquerías, pequeños comedores y cantinas. Con esta inercia
de crecimiento los alcaldes municipales de limitados alcances
presupuéstales y de mandato (de 1940 a 1950 la gestión administrativa
del municipio estuvo a cargo de 6 presidentes) solo les alcanzaba
para dar el apoyo incondicional dando permisos a pudientes ciudadanos
que querían establecer negocios de diferente índole. Por lo
tanto la realización de obras y programas sociales prioritarios
para el municipio eran imposibles en tanto la escasa captación
de recursos fiscales municipales como el nulo apoyo del gobierno
estatal que se desarrollaba en interinatos.
Según el censo de 1960, Huixtla tenía
19,900 habitantes, concentrándose en la cabecera municipal 12,300
pobladores. Transformándose en uno de los centros urbanos de
mayor importancia en la región, en tanto la riqueza productiva
generada y el impulso del desarrollo de las ciudades bajo la
base de una agricultura comercial orientada al mercado nacional
e internacional, de acuerdo a la importancia de la producción
agrícola que se captaba en la cabecera municipal como centro
receptor y de envío de café, plátano, cacao y frutales a través
de dos vías comunicantes al exterior del estado; la vía férrea
a través del ferrocarril y por la vía terrestre asfaltada llamada
carretera costera del pacífico que partía de Arriaga a Tapachula.
Obra iniciada en 1961 y concluida en 1964. Estas dos vías de
comunicación proporcionaba a Huixtla una posición estratégica,
mejor con respecto a los demás municipios que seguían vegetando
en torno al centro político y económico que se había convertido
Tapachula.
A la par con el “desarrollo urbano” el
espacio geográfico rural crecía. A finales de los años sesentas,
según el censo agrícola y ganadero de Chiapas, el municipio
contaba con 103 localidades, 80 ranchos, 4 ejidos, 11 rancherías,
una finca, una congregación y 6 localidades no definidas. Así
mismo el 10.60% de la población económicamente activa el 4.97
se dedicaba a labores agropecuarias.
Los sesentas refleja un mayor dinamismo
urbano. Para ese entonces el pueblo de Huixtla contaba con 7
instituciones educativas de primaria y una secundaria, así como
los servicios médicos del hospital civil y a finales de la década
la señal televisiva entraba en algunos hogares huixtlecos haciéndole
competencia a la señal radiofónica de dos emisoras radiales.
En 1970, bajo una dinámica de crecimiento
comercial y de servicios mas que de un proceso de industrialización,
Huixtla incrementaba su población a 26,304 habitantes (censo
de población de 1970) y la cabecera municipal se consolidaba
junto a Tapachula como un centro rector de la comercialización
agropecuaria ya que no debemos olvidar que de 1940 a 1970
“….el campo y sus habitantes financiaron
el desarrollo urbano, industrial y de servicios…” (15) en el
país. Desde esta perspectiva con un desordenado y lento proceso
de urbanización la Ciudad de Huixtla ensanchaba la mancha urbana
a través de una población rural migratoria hacia las orillas
del río Huixtla que atraviesa la zona urbana y afluente de agua
más importante de la región soconusco que iniciaba hacer contaminado.
En este dinámico proceso urbano el incremento
de población representaba problemas de vivienda y de servicios
públicos. Datos del IX censo de población se estima que en los
sesentas existían 5,025 viviendas alojando a 26,304 habitantes
representando un déficit del 39%. De esta cantidad 1967 casas
contaban con drenaje beneficiando a 9,880 ocupantes, 3,058 no
contaban con drenajes beneficiando a 9,880 ocupantes, 3,059
no contaban con drenaje y alojaban 16,424 ocupantes A la par
el crecimiento del sector comercial y de servicios propiciaba
mayores necesidades ante un mayor flujo migratorio temporal
o definitivo de mano de obra rural a la cabecera municipal,
ya estableciéndose como comerciantes o como empleados de servicios
en negocios establecidos. Reflejándose en las estadísticas el
crecimiento de las actividades terciarias. Así, del 46.50 de
la población económicamente activa el 15.34% correspondía al
sector servicio y comercio. En este contexto las administraciones
municipales seguían quedando rezagadas para dar respuesta a
las necesidades que habían surgido con el desarrollo urbano,
al no contar con programas de trabajo que impulsará un proceso
mejor planeado. En cierta medida el trabajo del trienio 1968
a 1970 siendo alcalde el Lic. Manuel Esquinca Santibáñez se
gestionaron la construcción de obras importantes que sirvieron
para consolidar el trabajo del trienio 1971-1973, con el señor
Jaime Fernández Armendáriz como presidente municipal. En el
cual se observa una administración con mayor fuerza política
y económica. Realizando un mayor numero de obras de infraestructura
que en el pasado nunca se habían realizado. Algunas de estas
fueron; la construcción del actual edificio del mercado “Miguel
Hidalgo”, la fundación de la actual preparatoria “Alberto C.
Culebro”, construcción y remodelación de calles y jardines públicos,
reconociéndose que mas que un trabajo planeado y consensuado
fue impulsado por un ímpetu personal por hacer lo que nadie
hasta ese entonces había realizado, el trabajo de este trienio
se engrandece aun más cuando las siguientes dos administraciones
se desenvuelven en la mediocridad y en la corrupción del trienio
1977 a 1979.
El modelo aplicado desde 1950 a nivel
nacional a través del desarrollo de la agricultura comercial
destinada al mercado nacional e internacional para el desarrollo
de las ciudades, tiene cierta respuesta en el crecimiento urbano
de la cabecera municipal de Huixtla aunado con el incremento
de la población a finales de los años sesentas y principios
de los ochentas como resultado del establecimiento de agroindustrias
paraestatales y privadas; el Ingenio Azucarero Belisario
Domínguez, Tabamex y una cantidad de Beneficios y Bodegas de
café. La afluencia cada vez mayor de personas que eran contratadas
como mano de obra de otros Estados de la república principalmente
de Veracruz, Guerrero, Nayarít y Oaxaca. Así mismo el arribo
de braceros guatemaltecos y salvadoreños conformaban el entorno
social de Huixtla tanto en el medio urbano como rural.
Junto con el proyecto Huixtla que arranca
a principio de los ochentas en el que se contempla la creación
de infraestructura para el desarrollo agrícola y que comprende
los municipios de Mazatán, Tuzantán y Villa Comaltitlán. Se
establece como se decía el ingenio azucarero con una capacidad
de molienda de 6,000 toneladas diarias que se abastecerá de
la producción que estos 4 municipios realicen. Sin embargo Huixtla
será uno de los municipios que participara con una mayor cantidad
de hectáreas y por consiguiente con mayor cantidad de
toneladas de caña. Con este auge cañero el paisaje urbano y
social se empieza a modificar: se funda la colonia obrera y
se derriban miles de hectáreas de cacao así como árboles de
diferentes especies tanto frutales como maderables para abrir
los espacios agrícolas al cultivo de caña. Se realiza el asfaltado
de la carretera Huixtla –Ingenio azucarero “Belisario Domínguez”,
lo cual permitirá que las comunidades y ejidos de la zona baja
tengan mayor contacto con la cabecera municipal.
En contraparte con las perspectivas de
desarrollo que representaba el ingenio azucarero. Las administraciones
municipales de los ochentas no se fundían con estas expectativas.
Después de que los últimas administraciones de los sesentas
dejaron al municipio en desgracia sucede un hecho inesperado
en la vida política de los huixtlecos. El candidato del Partido
Acción Nacional triunfa dentro de una coyuntura política y social
manejada desde la capital del estado por el gobernador Juan
Sabines y por el Partido Revolucionario Institucional. Tres
años de gestión del Presidente Municipal del Partido Acción
Nacional el Ingeniero Homero López Lena fue suficiente para
que el pueblo se diera cuenta de que no había sido el mejor
hombre de ese partido para manejar el destino de los huixtlecos.
Entre la corrupción y la anarquía en todos los niveles de su
gobierno finalizó su gestión con más pena que gloria. Después
de este hecho importante en la vida de Huixtla el PRI vuelve
a retomar el poder par seguir con las mismas prácticas entre
las que destacan la corrupción, la desorganización, el nepotismo
y el modo simplista de gobernar. La década de los ochentas representó
para Huixtla un retroceso en la gestión administrativa afectando
su crecimiento.
Por decreto del
Honorable Congreso del Estado y por única vez con el propósito
de que coincidieran en la terminación del periodo legislativo y
municipal y se realizaran las elecciones de manera conjunta se
establecieron 4 años para las actividades administrativas
municipales. Por lo que el periodo como Presidente Municipal del
Medico Raymundo Toledo fue de 1992 a 1995. La oportunidad de
gobernar que el PAN había buscado afanosamente, se cristalizaba
en este cuatrienio en el que se capitalizo la gestión realizaba
por el trienio priista anterior como fue la introducción de
drenaje, pavimentación de calles y la construcción de la unidad
deportiva aunada a una ardua labor de gestoría ante las
dependencias de gobierno federal y estatal para atraer proyectos
sociales y productivos. En ese mismo sentido se dio impulso a
la obra pública en el medio rural; apertura de caminos,
empedrados, electrificación e introducción de agua potable, a la
par se mejoraron los servicios de salud y educación. De tal
manera que el trabajo de Raymundo Toledo en comparación con los
anteriores trienios era bastante aceptable para dejar en buena
posición como candidato a cualquiera que quisiera contender por
el PAN.
La contienda electoral
de 1995 representaba para Acción Nacional una nueva oportunidad
para refrendar el triunfo. En ese sentido bajo un proceso
interno de elección se designó al Médico Jorge Paz Medina uno de
sus principales militantes para contender contra un candidato
del tricolor desgastado por las pugnas internas que seguían
prevaleciendo entre dirigentes, lideres y militantes. Aun con la
efervescencia de la ciudadanía que había que refrendado su
aceptación por el trabajo del cuatrienio, Paz Medina se alzo con
el triunfo que a la postre lo convirtió en presidente municipal
par el trienio 1996-1998. Rodeado por un equipo de trabajo en el
que sobresalían “nuevos” militantes panistas. La gestión en este
trienio se caracterizó por el nulo liderazgo del alcalde
municipal y de tal manera el mando fue cedido a otros y como
resultado el fracaso en la gestión administrativa. Permeado por
fuertes actos de corrupción entre sus principales colaboradores
que al final del trienio se convertían en los nuevos ricos del
pueblo.
A finales de 1998 la
región del Soconusco sufrió los fuertes estragos de las lluvias
por casi 4 días seguidos. El día 8 de Septiembre después de 48
horas de pertinaz lluvia el río Huixtla se desbordó por la
madrugada. Azolvado en varias partes de su recorrido e invadido
por asentamiento humanos irregulares busco los causes naturales
que antes tenía. El estruendo en la oscuridad de la madrugada
suponía corrientes embravecidas que rompían con el cauce
taponado, el puente de ferrocarril y la calle Nicolás Bravo
fueron destruidos. Las aguas embravecidas arrastraron viviendas
mal hechas, animales, seres humanos, piedra, lodo, árboles y
todo lo que estaba a su paso. La zona agrícola quedo desbastada.
Otra parte de Chiapas era conocida en el mundo por hechos
trágicos y ante el vacío del poder que se vivía, funcionarios de
la administración municipal y el candidato del PAN a la alcaldía
aprovechaban para realizar proselitismo entre los damnificados.
El balance hasta ese
momento de la gestión municipal por parte de Acción Nacional
después de 10 años se configuraba de aciertos y errores
matizados con actos de corrupción, que en términos de propuesta
partidista aun posibilitaba a la población crear expectativas en
las elecciones del 2001, pero que dificultaba a muchos tener
certeza del avance obtenido de desarrollo urbano y rural del
municipio.
Los acontecimientos de
Septiembre obligó a los partidos políticos y a la Comisión
Estatal Electoral a realizar los comicios hasta después del 6 de
Octubre. Exactamente en el mes de Diciembre.
Con un candidato recién
llegado a las filas blanquiazules cuestionado por su militancia
partidista en las elecciones internas y de paso derrotando a un
contendiente de la vieja guardia panista. El PAN daba su apoyo
al C. P. Carlos Martínez Martínez, para contender en las
elecciones de Diciembre de 1998 con miras a preservar el poder
Ante el candidato del Revolucionario Institucional que dicho sea
de paso tenia en ese momento un bono político ganado meses antes
como diputado local pero que no le favorecía su estigma de
familia caciquil.
El triunfo de Carlos
Martínez, trajo consigo mismo una nueva etapa del panismo en el
que arribaban nuevas caras a la administración pública municipal
disociada de la estructura partidista. De tal manera que como
equipo en el ayuntamiento el alcalde, amigos y allegados creaban
molestia entre algunos del viejo cuño panista. La experiencia de
tres años era; una administración municipal que a un año y meses
aun no respondía a las expectativas que la población esperaba.
Quizá por esa falta de experiencia que se da en cada inicio de
gestión o quizá por los problemas heredados de su antecesor y a
la carga de trabajo que tenía en frente, como era el de dotar de
servicios a los nuevos asentamientos humanos que antes se habían
ubicado a las orillas del río Huixtla y que se convertían en
colonias periféricas como Torrecillas, Cañaveral, 8 de
Septiembre y 2 de Octubre junto con las que se habían formado al
vapor del ensanchamiento urbano. A mediados de 1999 en adelante
se iniciaron a realizar obras algunas funcionales y otras
ineficaces.
Invertir en rubros
sociales y educativos de forma y no de fondo, en el rubro de
salud se promovieron varios aspectos con avances significativos,
se gestionaron obras y proyectos importantes para el municipio y
evidentemente donde no se invirtió fue en el campo agropecuario,
la gestión de este trienio algo así como una copia del programa
de trabajo del edil panista que en ese momento estaba en gestión
en la capital del estado, tenía características de empresa
privada. En contraparte la administración municipal volvía a
crear nuevos ricos a través de los recursos públicos, este
Ayuntamiento terminaba de manera controversial ante la
población; por una parte la gestión administrativa la
calificaban como buena pero injusta y desleal ante sectores
sociales y partidistas.
El balance hasta ese
momento de la gestión municipal por parte de Acción Nacional
después de 10 años se configuraba de aciertos y errores
matizados con actos de corrupción, que en términos de propuesta
partidista aun posibilitaba a la población crear expectativas en
las elecciones del 2001, pero que dificultaba a muchos tener
certeza del avance obtenido de desarrollo urbano y rural del
municipio.
Para las elecciones del
2001, Acción Nacional realizó de nueva cuenta un proceso de
selección, esta vez solo votaron los miembros activos del
partido, eligiendo al Profesor Ignacio Marqués Flores “viejo”
militante que en segunda ocasión buscaba hacer realidad su
“sueño” de ser presidente. Entre vericuetos de maniobras
internas logra su postulación para contender contra los
candidatos del PT y del PRI. El primero un partido político
recién hecho para la contienda y el segundo moralmente
resquebrajado arrastrando vicios añejos de imposición. El buen
desempeño del trienio de Carlos Martínez, el trabajo y la
presencia como maestro en la zona rural de Marqués Flores y el
accionar de una campaña política de aciertos condujo al triunfo
al PAN y por supuesto al Profesor Marqués.
Por
primera vez llegaba a la alcaldía un maestro normalista y se
fortalecía la idea que el trabajo realizado por el trienio
anterior tendría continuidad e imaginación. Al cabo del tiempo
las proyecciones a futuro se han vuelto inciertas y la
ciudadanía acepta con desencanto que se equivocaron al emitir su
voto. Entre incapacidades, anarquía y corrupción el trienio de
Márquez Flores supera el retroceso de Huixtla que se dio en
algunas administraciones pasadas, recordando las
administraciones priistas.
Así como fue de importante el cacao durante
la época prehispánica y colonial, el café fue configurando su
importancia en la región a principios del siglo pasado. Hasta
hoy cuando su producción es la base en la cual giran toda una
serie de actividades que se experimentan en varios municipios
del Soconusco.
Se dice que en 1819, se cultivaron las
primeras plantas de café en la región. Aunque según don Manuel
Larrainzar subdelegado del Soconusco a principios del siglo
XIX fueron consideradas como plantas medicinales con alguna
posibilidad de exportación. En 1874 don Matías Romero informa
que los primeros cafetos comerciales (5 mil matas de Borbón)
fueron plantadas por el Italiano Jerónimo Manchinelli en 1846
cerca de Tuxtla Chico, en los terrenos del rancho la Chácara
sobre las faldas del volcán Tacaná.
Es en 1880, cuando la producción se incrementa
fortalecida por la definición de límites entre Chiapas y Guatemala.
Medida que da seguridad para obtener títulos de tierras disponibles.
Aprovechada por extranjeros ricos, principalmente Europeos que
adquieren grandes superficies propicias para el cultivo de café
invirtiendo capitales en la parte alta del Soconusco. Aunado
también al entusiasmo que representaba el alto precio que este
producto tenía a causa de la revolución en Brasil. Por lo tanto
en ese mismo año se establecen plantaciones en Cacahoatán y
Unión Juárez. Más adelante bajo la tutela de la política presidencial
de protección y estímulo a empresas extranjeras por parte del
general Porfirio Díaz, se fueron constituyendo en toda la región
las históricas Fincas Cafetaleras. Que al paso del tiempo nos
dice el Doctor Carlos Castillo “habrían de desarrollarse para
alcanzar 2 tipos diferentes en la producción, unas con alto
grado de tecnificación que se orienta al mercado exterior obteniendo
altas ganancias y otras de pequeños propietarios y ejidatarios
que surten al mercado local, alcanza baja calidad y su producción
es acaparada por comerciantes que estipulan las condiciones
de compra de café así como las formas de distribución” (16)
Históricamente el precio del café en la
región ha estado sometido a los vaivenes del precio internacional
propiciado por países con mayor producción en el mercado de
Nueva York. Actualmente otros países han incursionado en el
cultivo y comercialización como es el caso de Vietnam que ha
invadido el mercado internacional abaratando los precios del
aromático. El escritor Matías de Córdova dice que en 1870, el
precio de un quintal de café era de $8.00, dos años después
en 1872 nos dice Moisés de la Peña el precio había subido a
$23.00 el quintal. El precio fue en ascenso por lo que el gobierno
Porfirista desarrollo una intensa campaña con el fin de atraer
capitales al Soconusco. En 1883 se mejoraron las instalaciones
del entonces Puerto de San Benito (Puerto Madero) para el embarque
de café hacia la ciudad de Hamburgo, Alemania y Nueva York,
Estados Unidos. Mas tarde en 1908 se construye la vía férrea
panamericana de 458 kilómetros, compartiendo el costo de la
construcción el gobierno federal y la banca norteamericana.
Así mismo se mejora la red de caminos vecinales. Con la construcción
de la vía férrea la producción cafetalera se acrecienta permitiendo
sacar el grano por el puerto de Salina Cruz en el Pacífico y
por el de Coatzacoalcos, Veracruz en el Golfo.
En 1895, el soconusco contaba con dos
millones de cafetos y 5 años después, esto es en 1900 se cosechaba
70 mil quintales con una existencia de 94 plantaciones cafetaleras.
En 1907 y 1909 la producción general del café subió de 80 mil
a 120 mil quintales y en 1915 sumaba ya 15 mil. En 1928 existían
91 plantaciones cafetaleras en el Soconusco, 32 fincas Alemanas,
25 Mexicanas, 13 Españoles, 10 Norteamericanas, 8 Francesas
y 3 fincas Inglesas. Desde 1881 las Fincas cafetaleras eran
tituladas evocando hasta hoy el origen de sus propietarios;
Lubecka, Bremen, Hamburgo, Germania, Argovia, Hannover, Prusia,
Génova, Nueva Francia, Irlanda, España, Covadonga, Eureka, Guanajuato,
Helvecia, Córcega, Maravillas, Perú, Nueva Argelia, Gilbraltar,
Rioja, Grecia, Albión, Escocia, Fortune, Nueva Alemania, etc.
Los apellidos Lutman, Edelman, Kalhe,
Reinshagen, Peters, Treviño, Benstorf y Polhens, permanecen
hasta hoy en día en la historia cafetalera.
El auge del café a finales del siglo XIX
y a principios del XX, así como la importancia que tiene para
nuestra economía, ha sido gracias también a la mano de obra
de miles de indígenas Mexicanos y Guatemaltecos. Que bajo condiciones
de vida miserable y de explotación hicieron posible que muchos
extranjeros y porque no decirlo terratenientes Mexicanos anquilosaran
riquezas.
El Doctor Carlos Castillo, menciona que
a fines del siglo pasado Matías Romero se percató de la falta
de mano de obra en el Soconusco. Dicha escasez nos dice el Dr.
Castillo “implicaba un círculo de miseria para la contratación,
que por una parte representaba un pago por la contratación”
o “habilitación” del “mozo” o trabajador y por otra para el
trabajador “habilitado”, en esa forma, significaba la adquisición
de una deuda con el propietario que debía pagar con trabajo,
esto ocasionó lo que Romero llama una cadena interminable de
pagos y fugar”, que fue aliviado con la “habilitación” de familias
pobres que moran en la altiplanicie Guatemalteca, pero esa dependencia
era inconveniente para el desarrollo de una escala ampliada
del cultivo del café que necesitaba trabajadores permanentes,
pero “Los indios de la tierra fría de Guatemala, sólo vendían
su fuerza de trabajo por dos o tres meses y regresaban a cuidar
su siembre en su patria” (17), así mismo dice Castillo, “… Las
condiciones económicas, de salud, de vivienda, de clima, de
alimentación, de duración de la jornada de trabajo y de los
míseros salarios percibidos, fueron los que presionaban al “mozo”
a fugarse, a romper violentamente con la presión de las cargas
que constituían las deudas… (18)
El Dr. Castillo nos dice que a principios
de este siglo, se intento trae trabajadores a esta región del
Soconusco de todas partes del país y del mundo, tales como Japoneses,
Chinos e Italianos. Pero prefirieron irse a otras partes donde
ganaban mejor en trabajos menos pesados y en mejores condiciones
ambientales. Matías Romero relata que en los orígenes del cultivo
de café en el Soconusco, se pagaba salarios por jornal “desde
real y medio hasta dos reales y medio diario” (19). El escritor
Alemán Paúl Furbach menciona que en 1912 según el, los Chamulas
recibían 40 centavos al día y se les daba de comer tortilla
y café en la mañana, al medio día des daban fríjol y pozol,
en la tarde también lo mismo, comían 2 veces a la semana arroz
y carne.
En 1976, el salario mínimo era de $40.00
a $49.00 diarios, en 1980 era de $80.00 y en 1982 de 120.00
descontándose comidas y habilitación (endeudamiento con la Finca).
Aún, en 1982 existían corrientes migratorias de indígenas Tzeltales
y Tzotziles de los altos de Chiapas como mano de obra a la región
Soconusco. Por esas fechas en entrevista a grupos Tzeltales
de Tenejapa en la Finca San Cristobalito, decían estos que su
alimentación se componía de frijoles, Chile, café, tortillas
y pozol y que la jornada de trabajo era de 4 de la mañana a
6 de la tarde.
A finales de los sesentas y principio
de los ochentas los trabajadores indígenas de los altos de Chiapas
dejaron de venir a las fincas del Soconusco, iniciándose la
contratación de mano de obra Guatemalteca por parte de los finqueros.
En declaración de parte de uno de los dueños al diario nacional
“Uno mas Uno” esgrimía la razón para no contratar indígenas
Chiapanecos “la mano de obra de Guatemala es mas barata, no
pide prestaciones y no sale con eso de que el terreno es muy
grande y quiere invadirlo”. Las construcciones urbanas e hidroeléctricas
realizadas en la región central del estado propicio que la mano
de obra indígena de los altos emigrara hacia esa zona para convertirse
en obreros de la construcción. Otras de las razones para que
los indígenas de los altos de Chiapas se alejaran de las fincas
cafetaleras de esta región.
En 1880 cuando el cultivo de café se incrementa
se establecen plantaciones por zonas en la región del soconusco.
La primera comprende de los municipios de Tuxtla Chico, Cacahoatan,
Unión Juárez, Metapa y parte de Tapachula a una altura de 1300
a 1400 metros sobre el nivel del mar la más alta y baja hasta
los 200 metros. La segunda queda comprendida entre los ríos
Coatán y Huehuetán a una altura mayor de 1,170 metros, a una
menor de 460 metros S. N. M. la tercera Zona se establece
en los límites del río Huehuetán y Tepúzapa en una altura de
1125 metros S. N. M, la alta y baja a 400 metros S. N. M. La
cuarta llamada boquerón queda comprendida entre los ríos Tepúzapa
y Huixtla abierta al cultivo a partir de 1898, en una altura
de 200 metros en la superficie del Ejido Francisco Sarabia,
Finca Aurora y San Matero y con 1190 metros S. N. M., las fincas
Germania, San Cristobalito y Hannover, siendo la cabecera Municipal
de Huixtla el centro de embarque y envío.
Por un largo periodo de años la zona del
boquerón bajo su rendimiento productivo al resentir la apertura
del puerto San Benito (Puerto Madero) como centro e embarque,
No así otras zonas plantadas que vivieron un mejor auge por
la cercanía que estas tenían con este puerto. Es en 1908, cuando
el boquerón amplia la superficie al cultivo, como muestra de
interés de los productores al percatarse de la construcción
de la vía férrea que constituiría un importante medio de comunicación
para el embarque de la producción cafetalera. A principios de
los años sesentas y en adelante esta se incrementaría con la
construcción de la carretera costera del pacífico y en 1974
con el camino de terracería hacia la región sierra.
Datos bibliográficos y de consulta personal
coinciden en que la llegada de los primeros Chinos a la región
Soconusquense data de hace 133 años, cinco hombres y una mujer
procedentes de Panamá en 1870. Con el paso de los años y plenamente
asentados se forma en 1884 la primera agrupación en Tapachula,
instituyéndose en 1906 la primera directiva que aglutina a todas
las colonias Chinas que existían en el estado. Más tarde se
incrementa el flujo de inmigrantes gracias a la construcción
de la vía férrea en 1908, permitiendo la comunicación con las
vías marítimas de desembarco de puerto Arista y San Benito (Puerto
Madero) que con una línea de vapores comunicaba a otros puertos
del Pacífico. Desde San Francisco, Estados Unidos hasta Punta
Arenas, Argentina.
Según la investigadora Rosana Reyes supone
que los primeros Chinos llegados al Soconusco, provienen de
las grandes colonias Chinas formadas en San Francisco, Panamá
y Perú en la década de 1850 cuando comenzaron las grandes corrientes
de inmigrantes hacia América “…Las condiciones en que vivían
los Chinos llegados a Panamá o Perú no eran nada halagüeñas,
pues era mano de obra contratada con engaños o bajo presión
para realizar trabajo pesado por salarios ínfimos y en condiciones
de completa insalubridad, salir de la condición de Culi, como
se llamaban a estos trabajadores era empresa difícil y las perspectivas
desalentadoras, por ejemplo; los chinos que permanecieron en
Panamá después de terminado al ferrocarril se convirtieron en
los dueños de barracas en las que se alojaban y daban de comer
a los negros que llegaron a trabajar al canal (19).
“Los Chinos que salieron de su país con
rumbo a California (conocida por los Chinos como Kin-Shan montaña
de oro) emigraron libremente, muchas veces encandilados por
el brillo del oro y los mitos de fortuna amasados en corto tiempo,
sin embargo también en California las condiciones eran difíciles,
incluso antes del acta de exclusión en 1882 que prácticamente
prohibió la inmigración de Chinos a Estados Unidos; el trabajo
era duro (ferrocarril y minas) y la competencia grande (más
de 200 mil Chinos habían llegado a California par 1877)” (20).
Quizá como apunta Rosana Reyes los Chinos
desplazados o que no pudieron colocarse en dichas colonias,
decidieron probar suerte en otras geografías del mundo. Los
pueblos del Soconusco fueron uno de ellos donde se encontraron
muchos que eran familiares y los que llegaron por haberse enterado
que había paisanos. Así mismo Reyes apunta que así como la mayoría
de los Chinos de América, los del Soconusco se colocaron en
cuanto pudieron en el sector de los servicios; almacenes de
mercancías en general, tiendas de telas, restaurantes, cantinas,
hoteles, tostadurías de café, velerías, así mismo se dedicaron
a la fabricación de aguardiente, acuacultores que se aventuraron
para buscar mejores niveles de vida; la ruta fue Hong-Kong-Japón-San
Francisco-México…”
En la década que va de 1920 a 1930 “Algunos
Chinos habían establecido almacenes de gran tamaño donde se
podían conseguir todo tipo de mercancía (salvo productos perecederos);
harina, jabón, manteca, azúcar, galletas, latas, aguardiente,
artículos de ferretería y tlapalería…(21). Muchas de estas tiendas
se dedicaban a la distribución y al mayoreo de mercancías a
los poblados de toda la costa, principalmente a localidades
de la zona alta cafetalera.
En 1927 la población China de Chiapas
era de 1265 personas, en 1930 disminuyó sensiblemente a 1095
debido posiblemente al hostigamiento que ejercía
hacia ellos el régimen de Elías Calles, que en ese año terminaba
su mandato. Lo que tampoco significaba que las persecuciones
se terminaran continuando hasta 1931. “Un verdadero genocidio
borrado de la historia oficial con lo que el régimen de Calles
y los terratenientes locales trataban de desviar al descontento
popular por aquellos años”.